La lista daría para otra columna. Debido a ese despropósito escribimos una detallada investigación aclarando su historia, con numerosa información primaria y desconocida, recogida de fuentes de archivo. Ese trabajo forma parte de un libro sobre Chacabuco creado por Ricardo Pereira Viale, y que hoy espera financiamiento para ver la luz.
Pero volvamos a lo que nos convoca. A fines de 1924, la nueva máquina se encontraba en condiciones de funcionar. Desde el inicio de su construcción en 1920, sus dueños (la Compañía Lastenia, y luego desde 1923 The Lautaro Nitrate Co. bajo el control yugoslavo de Baburizza, Lukinović y Cía) tenían cifradas grandes esperanzas en el proyecto. Buscaban aplicar la idea de procesar grandes cantidades de caliches de baja ley de nitrato, haciendo útiles las enormes reservas de esos minerales pobres. Claro está que esta idea se pretendía concretar usando el sistema Shanks, que tenía serias limitaciones intrínsecas. Pero en 1924 aún predominaba el optimismo. En la mañana del miércoles 26 de noviembre la empresa concretó una sencilla pero significativa ceremonia inaugural, eligiendo el momento en que se “corriera el primer caldo” de los cachuchos, es decir, cuando los estanques de lixiviación de caliche entregaran su primera solución rica en nitrato. La extracción y acopio del caliche, como era habitual y necesario, había comenzado mucho antes.

Obreros en la zona de las ascendraderas. Ca. 1924. Foto Archivo Imatura.
El lugar elegido para los honores fue la explanada junto a la planta, entre la Casa de Fuerza y la Maestranza, atiborrada de obreros e invitados de Antofagasta y todo el Cantón Central. El lugar fue embanderado con los pabellones de Chile y de la patria de sus dueños, el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. El momento estelar fue el bautizo de la máquina, con la presencia de los padrinos: el ingeniero chileno William J. Clayton (diseñador y constructor de la oficina) y su esposa Lucy. Justo en el momento en que corría el caldo de los cachuchos a los chulladores, Lucy rompió una botella de champaña, mientras un centenar de obreros lanzaban los “hurras” de costumbre.
Luego, vino la recepción en la flamante Casa de la Administración, donde el Administrador Francisco Simunović hizo un brindis por el progreso de la nueva salitrera, destacando la inversión de Baburizza para construirla. La empresa planificó una gran celebración popular, evento que se iba a realizar a mediados de enero de 1925 con la presencia de Jorge Petrinović, hermano y representante del gerente, Franjo Petrinović Karlovac. Pero la política quiso otra cosa. En esos días se produjo el golpe de estado contra la Junta de Gobierno encabezada por el general Luis Altamirano, y así la “Chacabuco”, tristemente, se quedó sin fiesta.